jueves, 25 de febrero de 2016

Ah!...... La France

Con el título “Zz, Zidane con todas sus letras”, el Liceo Francés de Madrid presenta una exposición del fotógrafo Philippe Bordas, con treinta y nueve imágenes inéditas del famoso futbolista y ahora entrenador.

En 2006 Philippe Bordas fue contratado por Zinedine Zidane para seguirle del campo de futbol a su intimidad y fue testigo privilegiado de sus últimas semanas como futbolista activo. Estas imágenes también forman parte del libro “Chant furieux”, en el que el fotógrafo relata su experiencia.
Esta exposición monotemática y de reducido tamaño, tiene más importancia de la que en un principio se le puede atribuir, parecería dedicada únicamente a los aficionados al fútbol y en concreto a los del Real Madrid, pero realmente se trata de unas excelentes fotografías, realizadas por un prestigioso fotógrafo, que se dedica a retratar a Zidane como persona y a su entorno familiar, pero que no renuncia a su faceta de icono del fútbol, recreándose en imágenes como el espectacular gol de la final de la Champions League en 2002.

A mí hay otro aspecto de la exposición que me gustaría resaltar. Se trata del llamado chauvinismo francés, de cómo nuestros vecinos del norte cuidan lo suyo, lo miman, lo ensalzan y nos lo venden al resto del mundo como lo mejor. Siempre me ha llenado de envidia ver como Francia sabe cuidar de todo lo suyo, de cómo da importancia a sus artistas, deportistas, etc, de cómo acoge incluso a los no nacidos en suelo francés para agrandar el prestigio de su país en el mundo. ¿Os habéis fijado que casi todas las semanas se estrena una película francesa en España? No creo que ocurra lo mismo con las películas españolas en Francia. Y lo más curioso es que la mayoría son buenas películas.

Me imagino que la exposición estaría ya organizada, pero qué casualidad que coincida con que Zidane acaba de ser nombrado entrenador del Real Madrid. ¿Se ha hecho alguna vez algo similar con los entrenadores o jugadores españoles que triunfan fuera de nuestras fronteras? No me imagino al Ministerio de Cultura español organizando exposiciones de fotografía en cualquier lugar del mundo, sobre Raúl, Benítez, o Guardiola, sin ir más lejos. Tenemos tanto que aprender de los franceses.

Por último voy a destacar la que, para mí, es la mejor fotografía de la exposición, la que retrata a dos glorias del equipo madridista, Zidane y Di Stefano, el viejo jugador, sentado, y la nueva estrella, de pie, apoyando su mano sobre el hombro del anciano. Magistral.





jueves, 4 de febrero de 2016

¡Equivòquese!

!EQUIVÓQUESE¡

¿Cuántas veces dejamos de hacer algo porque estamos seguros que nos va a salir mal? El miedo al fracaso provoca que en muchas ocasiones no demos un paso al frente e intentemos hacer algo que nos traería beneficios, prestigio o, simplemente, autosatisfacción.

Cuando tenía veintipocos años decidí continuar con mi formación académica y me matriculé en el turno de noche de la Facultad de Geografía e Historia, llevándome la sorpresa de que una de las asignaturas del primer curso era Latín. Enfrentarme nuevamente a esta materia me hacía recordar los malos momentos pasados cuando la estudiaba en bachiller y todos los alumnos nos escondíamos al llegar el profesor dispuesto a que alguno de nosotros realizara, ante toda la clase, la traducción que nos había impuesto como tarea el día anterior.

Con ansiedad, mezcla de ilusión y temor, esperaba la primera clase de latín. Por un lado confiaba que en la universidad los métodos de enseñanza no fueran igual que en un colegio y que me descubrieran algo que me entusiasmara del Latín, pero por otro, me temía que mi preparación, después de tantos años sin haber visto nada de este idioma, fuera bastante deficiente para afrontar la asignatura.

En medio del guirigay que se formaba entre clase y clase, una chica rubia, bastante más joven que la mayoría de los que estábamos en los pupitres, se subió a la tarima y, acercándose a la mesa del profesor, dejó los libros y carpetas que llevaba entre sus manos. Se dirigió a la clase y se presentó como la profesora de Latín. Nos contó cómo pensaba organizar la asignatura, libros de texto, trabajos, calificaciones y, por supuesto, las traducciones de textos latinos que todos los alumnos debían realizar y que expondrían en clase.

No podía ser, después de varios años y vivencias de todo tipo habíamos llegado al mismo lugar, traduciendo textos latinos y pasando vergüenza por los errores que se cometían al hacerlos.

Por supuesto, la actitud de los alumnos de la universidad era la misma que en el colegio, nadie quería hacer las traducciones en público y nos escondíamos tras la cabeza de la persona que teníamos delante, esperando que la profesora no nos viera y que encontrara alguna víctima y no tirara de lista, momento peligroso en que las posibilidades de que te tocara eran infinitas.

Cuando la víctima era elegida, se oía un suspiro de alivio del resto de la clase. El peligro había pasado, al menos momentáneamente.

Una vez superado este momento, me paraba a analizar la situación y me hacía mucha gracia ver cómo personas con muchos años encima, que seguramente habían afrontado situaciones mucho más complicadas en su vida, se comportaban como críos ante una profesora más joven que ellos, por la posibilidad de tener que realizar una traducción de un texto latino delante del resto de la clase.

La verdad es que no recuerdo que los textos a traducir fueran especialmente difíciles o que  la profesora fuera particularmente cruel con nadie, ni que se ensañara con los que cometían errores al traducir, como era el recuerdo que tenía de mis años de bachiller, simplemente creo que, al tratarse de personas con mucho bagaje a sus espaldas, el miedo a hacer el ridículo delante de los demás les paralizaba y hacía que sintieran un pánico atroz a meter la pata.

En una de estas traducciones forzadas le tocó el turno a un señor que ya no cumplía los cuarenta años. La profesora le eligió y le pidió que tradujera un texto en voz alta. El hombre se puso de pie con su libro entre las manos y realizaba intentos de comenzar, pero no podía ni articular palabra latina a derechas. La profesora le animaba mientras no dejaba de pasear entre las mesas de los alumnos, “Vamos Fulanito, es un texto sencillo”, decía y el pobre hombre continuaba intentando formar la primera frase, “Inténtelo” machacaba mientras seguía su deambular por la clase, hasta que, parándose delante del alumno le dijo “Equivóquese”.

El resto de la clase, inconscientes, nos echamos a reír.

Equivóquese. Esta acción, que todos celebramos porque no éramos los directamente interpelados, no era en absoluto algo vejatorio contra nuestro compañero, muy al contrario, la profesora le animaba a traducir un texto, a intentarlo y, como consecuencia de este intento, existía la posibilidad de equivocarse. Si nuestro compañero no intentaba traducir el pequeño texto, el resultado sería que no tenía ni idea de cómo hacerlo, pero si lo intentaba y comenzaba a traducir, aunque fuera algo, sería mucho más que nada.

Este instante se me quedó grabado y, desde entonces, ha sido para mí una máxima en mi vida: para lograr lo que queremos hay que intentarlo, hay que arriesgar y en último caso, equivocarse. Nadie va a regalarnos nada, todo lo tenemos que conseguir con nuestro esfuerzo y, si no comenzamos por intentarlo, nunca lo alcanzaremos.









jueves, 11 de diciembre de 2014

MI PADRE Y EL FUTBOL

Mi padre fue un gran aficionado al futbol. Era socio del Real Madrid y nunca se perdía un partido de los que jugaba su equipo en el Bernabeu.

El origen de esta afición es sencillo, ¿Qué podía hacer un joven durante el franquismo para pasar las tardes de los domingos? Ir al fútbol o a los toros. A mi padre no le gustaba la violencia ni la sangre y se decantó por el fútbol.

En mi familia antes de organizar cualquier evento, se le preguntaba a mi padre si el Madrid iba a jugar en el momento que se estaba considerando para la celebración y, si coincidía que había partido en Chamartin, se pensaba en otra fecha. Todos sabíamos que le daríamos un gran disgusto si no podía acudir a disfrutar de lo que más le gustaba, el futbol en directo.

Mi padre nunca se jactaba de saberse las alineaciones de memoria ni otras peculiaridades estadísticas del futbol, pero se vanagloriaba de haber visto, domingo tras domingo, a Di Stefano, a Puskas, a Gento y a otros muchos jugadores como Zarra, Gainza, Kubala, que pasaban por el Bernabeu jugando en otros equipos.

A mi de pequeño no me gustaba el futbol, decían que en realidad lo que no me gustaba era que mi padre se fuera un domingo si y otro no, después de comer, a ver al Real Madrid, mientras nosotros nos quedábamos en casa, con mi madre, jugando con los pocos juguetes que podíamos tener en aquella época.

Es posible que esta fuera la razón de mi aversión a este deporte, aunque la verdad es que yo no era nada deportista y como tampoco teníamos televisión, era muy difícil aficionarse a los deportes como ocurre ahora.

Pero los años pasaron y llegó la televisión al salón de nuestra casa. Mi padre, por supuesto, veía el partido que se televisaba los domingos por la tarde y yo, sin querer, porque estaba por allí, empecé a verlo con él. Poco a poco el futbol empezó a atraparme y para la siguiente temporada le pedí que me hiciera socio del Real Madrid para ir con él al Bernabeu.

No lo dudó ni un instante y así, con el inicio de la temporada 73-74, comencé mi asistencia regular al Bernabeu. Los estadios de esa época eran diferentes a los de ahora, los socios veíamos los partidos de pié, a merced de las masas que muchas veces no te permitían pisar el suelo, no había videomarcadores y lo normal era que todos los partidos se jugaran al mismo tiempo, por lo que era fundamental que alguien tuviera una radio para ir contando como iban el resto de partidos.

A mi no se me olvida la primera vez que entré al Bernabeu a ver un partido, era sábado por la noche y parecía que el estadio te envolvía, con esos focos que hacían resplandecer el césped, con el ambiente en las gradas. Yo creo que ver un partido de futbol en un estadio como este, es algo mágico.

A partir de entonces no falté a un solo partido, iba incluso a ver los que televisaban, para mi no había comparación posible entre la tele en blanco y negro o disfrutar de ese espectáculo en directo. Allí tuvimos enormes alegrías y grandísimos disgustos, días memorables y días olvidables, momentos históricos como el disputar un partido de fútbol a las 3 horas de haber sido enterrado Franco, pero sobre todo el fútbol me sirvió para una cosa muy importante en mi vida: tener una complicidad con mi padre, que hasta entonces no había tenido.





martes, 13 de mayo de 2014

EXPOSICIÓN TESOROS CINEMATOGRAFICOS DE MAGNUM PHOTOS

EXPOSICIÓN TESOROS CINEMATOGRAFICOS DE MAGNUM PHOTOS

En la sala de exposiciones del antiguo depósito del Canal de Isabel II, calle Santa Engracia 125, se encuentra esta exposición de fotografías de la agencia Magnum relacionadas con el mundo del cine.

La exposición se ciñe al trabajo realizado por reporteros de esta agencia en doce películas, mostrándonos imágenes del rodaje de dichas películas. Aunque ya se habían realizado reportajes anteriormente, la colaboración entre la agencia y los estudios de Hollywood comenzó oficialmente con el rodaje de Vidas rebeldes en 1961, para la que el productor contrató a nueve fotógrafos de Magnum Photos.

Al contrario que los “foto-fija” que contrataban los departamentos de publicidad, los fotógrafos de Magnum trabajaron con la libertad y la independencia de criterio que les caracteriza, aportando una nueva mirada sobre el rodaje y los protagonistas. En algunos casos, gracias a la intimidad que generaron los fotógrafos, lograron que los actores desvelasen facetas más profundas y ocultas de su personalidad. En otros casos los fotógrafos nos muestran lo que no deberíamos ver.

La exposición se ha montado por películas, esto es, agrupando todas las imágenes de una misma película junto a una pantalla en la que se proyecta permanentemente una secuencia de dicha película, generalmente de las más significativas y relacionada con varias, sino con todas, de las fotografías que se muestran.

Así en La tentación vive arriba, de Billy Wilder, se muestra la famosa secuencia del respiradero del metro de Nueva York, junto a varias fotografías en las que el fotógrafo de Magnum nos muestra como se rodó la escena y en las que vemos cómo disfrutaba Marilyn Monroe adorada por todos los presentes mientras el aire del metro le levanta las faldas. Una observación, las fotografías pierden la sensualidad de la secuencia cinematográfica al mostrar que Marilyn iba preparada para que no se le viera nada importante.

En la parte dedicada a Moby Dick se muestran los rudimentarios efectos especiales utilizados en la última escena, cuando la ballena arrastra al capitán Akad al fondo de los mares, mientras en la pantalla se reproduce la secuencia una y otra vez.

Sin embargo es en la parte dedicada a la ya citada Vidas rebeldes donde se muestran las, a mi juicio, mejores imágenes. Desde la icónica foto en la que están presentes los autores (Arthur Miller y John Huston) y los actores (Clark Gable, Marilyn Monroe, Montgomery Clift y Elli Wallach) hasta una maravillosa de Marilyn Monroe con el desierto de nevada detrás. De hecho el ambiente de esta película fue especial, para sus tres protagonistas fue su último trabajo, los tres fallecieron en fechas posteriores. El guionista, Arthur Miller, estaba casado con Marilyn Monroe, y lo escribió como un regalo para su esposa, que pudo demostrar que podía ser una gran actriz dramática, pero se convirtió en su definitivo derrumbe. Por si había pocas historias dentro del rodaje, uno de los nueve fotógrafos era Inge Morath, a quien se debe la imagen de Marilyn citada anteriormente, acabaría casada con Arthur Miller después de su divorcio con Marilyn.





En fin, una excelente exposición que se puede disfrutar hasta el 27 de Julio.



lunes, 5 de mayo de 2014

Propòsito

Llevo casi nueve meses prejubilado y, sinceramente, nunca pensé que esto iba a ser así.

A mi esto de la prejubilación me daba un poco de miedo, no porque me fuera a aburrir o porque me fuera a crear ansiedad, sino porque suponía salir de un entorno en el que estás en contacto con mucha gente, de edades muy variadas, de orígenes diversos, de opiniones dispares, en muchos caso enfrentadas incluso con las tuyas y, con la prejubilación, me parecía que iba a perder riqueza, no solo de relaciones, sino intelectual.

Sin embargo nada de esto ha ocurrido. No solo he comprobado que no me aburro en absoluto, sino que, siguiendo la estela de los que me han antecedido en este tema, me faltan horas en el día para hacer todo lo que quisiera.

Igualmente no tengo ningún trauma por no ir a trabajar, ahora “trabajo” en lo que me apetece y no tengo que soportar pesados, trepas, soplagaitas y demás gente de diversas calañas. Es más, me ha ocurrido una cosa que en realidad me ha sorprendido, tengo amnesia selectiva. Se me han olvidado nombres y caras de todos aquellos que no merecen la pena, que su relación conmigo fue floja o mala y, sin embargo, de todos aquellos que han dejado una buena huella en mi vida, me acuerdo y estoy encantado de verlos o hablar con ellos.

En cuanto a mi temor por la pérdida de relaciones, no se me olvida el comentario que me hizo mi buen amigo Humberto cuando le expuse este temor, “¿Dejar de conocer gente? Yo sé de un lugar donde se hacen muchas amistades, se llama BAR”. La verdad es que no he tenido que recurrir al consejo de Humberto, he recuperado el contacto con personas a las que había perdido precisamente por no tener tiempo libre,  me he podido apuntar a realizar actividades, que antes me resultaban impensables, que me llenan de satisfacción y en ellas hay gente con la que puedes conectar.


En fin, que no quiero poner los dientes largos a los que todavía tienen que seguir trabajando, pero si me parecía un buen punto de partida para iniciar este blog que va a tratar de todo lo que se puede hacer cuando eres tu el que puede disponer de la mejor forma de ocupar tu tiempo.